La Hispanidad y lo heroico

“A esta España que ahora vive como si estuviera de más en el mundo y no es sino una sombra de gran nación, solo le puede volver los grandes ideales actualizados a los tiempos tan complicados y difíciles cuyos síntomas más dolorosos son el terrorismo y el independentismo. El alma del hombre como las naciones necesitan perspectivas infinitas hasta para resignarse a las limitaciones cotidianas” (Ramiro de Maeztu)

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Sobrenatural es la acción misma, aunque lograda en apariencia por medios puramente humanos.

 Menéndez Pelayo, sobre el descubrimiento de América.

Disertar sobre la Hispanidad presupone disertar a su vez sobre el concepto de lo heroico en cuanto manifestación de orden superior. Emanada en su núcleo más profundo de una cosmovisión propia de los mundos tradicionales, la Hispanidad no debería estudiarse cual mera convención geopolítica, sino como acción sobrenatural (de orden divino), esto es realización metafísica regida por los principios inmutables de la Espada y la Cruz. La batalla por el cómbate dogmático, los derechos de Cristo sobre el Orbe todo, y los deberes de España para con la única Religión Verdadera, han legitimado todo el proceso subsiguiente. Cualquier intento en clave materialista marxista o posmoderna que pretenda deslegitimar este proceso de siglos de combate físico-dialéctico contra los enemigos del Reino, carece de interés para nosotros.

Todo principio instaurado en base a un orden superior debe aparecer configurado en escala jerárquica-piramidal, con todas sus partes integradas y cohesionadas, en correspondencia a unos principios de solidaridad estables. Para manifestar su alcance genuino, la Hispanidad debía exteriorizar su cetro en virtud de un heroísmo misionero y guerrero vehiculado por unos principios generales que justificaran tanto la guerra material como espiritual, así en el plano de lo humano cual sombra/reflejo del otro y decisivo combate: el divino. No es cuestión baladí, sino obra suprema de Caridad: España, al afirmar su misión civilizadora (es decir Salvadora) y enviar fuera de sus límites los mejores recursos humanos de varias generaciones, devino certero instrumento de la Catolicidad al servicio de la ordenación del mundo infiel en línea de fuga hacia Cristo Alfa y Omega. Este esfuerzo ingente concentrado en unas pocas décadas sólo se explica satisfactoriamente, como demostró Menéndez Pelayo, haciendo una lectura teológico-sobrenatural del hecho histórico.

Lo heroico de la Hispanidad no fue sólo obra del espíritu conciliador de un pueblo de iluminados, sino que requirió del genio individual de una legión de paladines de la fe en Cristo, asistidos bajo el imperio de la Gracia. El fraile y el soldado aunados son la célula mínima básica de este organismo natural y eminentemente español. Como Don Pelayo asistido por el Espíritu Santo en su acta de apertura de la Reconquista, como los viejos cristianos cruzados que intentaron recuperar el Santo Sepulcro, así nuestros paladines fueron guiados por la luz sagrada y transfiguradora de la Cruz en la empresa de evangelizar el Globo. Al lado de los pretextos materiales de signo económico (el oro) con que los enemigos de España articulan sus burdas desmitificaciones, la clave del éxito de esta misión fue exclusivamente espiritual, pues de lo contrario habría fracasado estrepitosamente. Sólo así se explica tal armónica nómina de héroes y santos de la Hispanidad: Colón, Fray Antonio de Marchena, Fray Diego de Deza, Fray Juan Pérez, Magallanes, Elcano, el P. Urdaneta, Legazpi, Toral, Hernán Cortés, el P. Buil, el P. Olmedo, Juan de Zumárraga, Bernardino de Alburquerque, Fray Juan Ramírez, San Luis Beltrán, Francisco Marroquín, Fray Jerónimo Loaysa, el P. Valverde, el P. Valdivia, San Francisco Solano, el P. Aranda, el P. José de Anchieta, San Pedro Claver o Fray Francisco de la Cruz, entre tantos otros.

Lo heroico también puede estudiarse como categoría estética. La Hispanidad dejó su impronta heroica no sólo en sus gestas, sino en sus más exclusivas manifestaciones literarias y artísticas, atravesadas de savia católica.

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